La obra de Jane Austen sigue despertando un creciente interés que se ve alimentado por una multitud de adaptaciones cinematográficas y la aparición de imitaciones de mejor o menor tino. No obstante, en sus principales rasgos la “austenmanía” ha terminado por consolidar la sentimentalización de una autora que en realidad es satírica y realista, que hizo mucho por liberar al incipiente género de la novela de los elementos sensacionalistas en boga en aquel tiempo en que las narraciones góticas arrasaban entre las cada vez más numerosas lectoras.
De hecho, el estilo de Jane Austen antecede al interés en el “héroe byroniano” que ha terminado por vampirizar nuestra percepción contemporánea de la Regencia, y que sí sería una influencia, por ejemplo, en Charlotte Brontë, más cercana a los postulados del romanticismo. La realidad es que Jane Austen, lejos de romantizar las relaciones amorosas, rechazó el amor, consciente de las duras pruebas del matrimonio y la maternidad, y que, como tía soltera, sin marido ni herencia, hubo de depender de las atenciones de sus hermanos y de su incipiente éxito como escritora.
De todo este tejido de relaciones familiares que marcaron a Jane se ocupa Espido Freire en su breve biografía que ilustra la manera en que las condiciones sociales dificultaban la vida de una mujer soltera, hija de un vicario respetable pero dependiente de las normas que férreamente articulaban la sociedad de la Regencia. Así, comprendemos la desprotección que suponía perder al progenitor para una hija soltera, que además no tenía derecho a recibir herencia.
Espido Freire trae luz sobre todas estas circunstancias e ilumina el retrato de una escritora que forma parte del canon universal a pesar de estar también entre las más incomprendidas.
Malores Villanueva Gesteira, Francisco Fernández del Riego, un loitador pola idea de Galicia, Galaxia Editorial, 2022.
O soño dunha Galicia dona de seu inspirou o traballo intelectual de Francisco Fernández del Riego ao longo da súa dilatada traxectoria, de xeito que estudar a súa biografía é poñerse en contacto coas forzas vivas da historia da cultura galega ao longo do século XX. Malores Villanueva o visitou habitualmente na súa derradeira etapa para rescatar os fíos que compoñían a súa memoria, para que puidera facer o legado do seu testemuño.
Son moitas as imaxes desta biografía que quedarán por sempre fixadas na conciencia de Galicia. Podemos ver a Paco na súa mocidade lendo á luz dunha candea nos Escolapios de Monforte. O belén en Lourenzá polo Nadal, as panxoliñas. O espertar a Galicia no seu ano de estudos en Madrid ao tempo que se proclamaba a República. O primeiro 25 de xullo no balcón de Lourenzá. As primeiras conferencias: Pardo de Cela, Prisciliano, os mártires de Carral. A teima pola galeguización da USC. O Seminario de Estudos Galegos. O Partido Galeguista. As xuntanzas no café Derby. A Imprenta Nós. Os mitins para espallar o proxecto do Estatuto diante de miles de labradores. Ultreya: o tríscele vermello. A Federación de Mocedades Galeguistas. Galeuzca. A vitoria do Estatuto no plebiscito o 28 de xuño. O alzamento e o asasinato de Ánxel Casal e Alexandre Bóveda. O diario da guerra.
Vigo. Axiña, a reconstrución do Partido Galeguista na clandestinidade. A maleta coa documentación galeguista que tivo que enterrar nunha horta. O regreso ao xornalismo, as primeiras columnas en galego. A asamblea fundacional da editorial Galaxia. O primeiro número da revista Grial. A creación da colección Salnés de poesía. A recuperación de Álvaro Cunqueiro. O traballo a prol da unificación ortográfica do galego.
Tamén recordamos a recolleita de terra da beiramar en Coruxo e de terra de Trasalba coa que soterrar a Castelao e o emotivo discurso no cemiterio de Chacarita en 1954. A reconquista da Real Academia Galega polos galeguistas e a proposta do Día das Letras Galegas que hoxe celebramos.
Ficamos co traballo infatigable de Del Riego para fortalecer este segundo rexurdimento que tivo lugar dende o exilio interior.
Janet Malcolm, La mujer en silencio. Sylvia Plath & Ted Hughes, Gedisa Editorial, 2017.
¿A quién le pertenece Sylvia Plath? La trama del célebre ensayo de Janet Malcolm, La mujer en silencio, se centra en el encendido conflicto entre los biógrafos de Plath y los Hughes (especialmente Ted y su hermana Olwyn) a partir de la publicación de Ariel en 1965, la colección póstuma de poemas brillantes y oscuros sobre la muerte que catapultó a Sylvia Plath al Olimpo de las Letras.
Janet Malcolm trata de restaurar el nombre de Ted Hughes, víctima de la deshonra tras el suicidio de Sylvia el 11 de febrero de 1963 abriendo la llave del gas de la cocina de su apartamento. Ted Hughes acababa de iniciar una relación adúltera con la artista Assia Wevill, con la que estaba de viaje por España, mientras Sylvia cuidaba en Londres de sus dos hijos pequeños en el invierno más frío en décadas, afrontaba las facturas y se levantaba cada mañana para escribir los poemas que consolidarían su fama literaria. Tenía 30 años.
Después de que Ted hubiera sido objeto de la ira de los biógrafos de Plath durante décadas, una situación a la que él intentó hacer frente ejerciendo un férreo control sobre sus derechos de copyright sobre las obras de Sylvia, a comienzos de la década de los 90 Janet Malcolm se propuso escribir este ensayo para articular, a través de la revisión pormenorizada de algunos de los momentos más controvertidos de la historia escrita del matrimonio Plath-Hughes, su propia crítica a los géneros de la biografía y la crítica literaria, que en su opinión son víctimas de la subjetividad de sus autores, de imprecisiones que acaban por sentar cátedra, de opiniones que son elaboradas hasta ser tomadas por datos. ¿Quién decide cuál es la verdad objetiva del biografiado? El género de la biografía no es sino más que un método para producir un relato producto de muchos relatos superpuestos, a veces basados, ciertamente, en chismes y habladurías, en recuerdos borrosos de familiares y amigos, en el poco honroso oficio que acerca al biógrafo al periodista, y también al novelista: aquel que se inventa un cuento con una base equívoca y fluctuante en los hechos que borró la historia y que ya apenas nadie puede atestiguar.
Como lectores, desconfiamos. Malcolm nos enseña a cuestionar la legitimidad de todos los relatos, casi siempre gloriosos, de las hagiografías, de los cuentos de hadas en que se basan todas las historias de buenos y malos, de víctimas y verdugos, incluso de la furia, un tanto cándida, del feminismo. Lo que tiene entre manos es un interrogante lúcido sobre la verdadera significación del periodismo y el (limitado) alcance de su ética, sobre el valor de los géneros de no ficción, sobre los críticos y biógrafos que escriben a ciegas persiguiendo un sueño, conscientes de su necesidad de causar una sensación, de justificar su propio voyeurismo y el de sus lectores, de hacerse oír.
A lo largo de su carrera, en sus ensayos Malcolm se cuestionó la ética del periodista, las motivaciones del biógrafo y del crítico literario, un asunto que es vivamente nutrido por la controversia de la vida póstuma del matrimonio Plath-Hughes: el mal marido que decepcionó a Plath para luego verse universalmente condenado por los adoradores de su esposa suicida, pues Sylvia fue una víctima deseante, la poeta visionaria que ya nunca estará muerta del todo, que renace para hablar por boca de sus devotos en una ruidosa cacofonía.
Hughes aparece, finalmente, como el antihéroe que aprende a desplegar su cautela tras haber sufrido un destino profundamente trágico: el presente, como él aprendió, engulle rápidamente cada decisión mal tomada, cada uno de nuestros errores, para transformarlos rápidamente en un pasado irreparable contra el que quizás hemos de articular nuestra defensa durante el resto de nuestras vidas.