Pasión y métrica

En el otoño de 1845, Charlotte Brontë se encontró un cuaderno escrito por Emily que contenía docenas de poemas. Las hermanas habían perdido el hábito de compartir su trabajo. De ahí la gran sorpresa de Charlotte, que también había estado escribiendo poemas a escondidas, sobre todo por la calidad de la producción de su hermana, su tonalidad salvaje y melancólica.

Emily reaccionó con furia ante esta invasión de su privacidad. A Charlotte le llevó días convencerla de que sus poemas merecían ser publicados. Pero tan pronto como el asunto se aireó, Anne se dispuso a ofrecer sus propios poemas, que también había estado escribiendo secretamente. Finalmente, las tres hermanas, superadas las reticencias de Emily, decidieron proponer la publicación de su trabajo poético en un volumen conjunto. La condición de Emily fue que lo hiciesen bajo pseudónimo, anónimamente.

Los pseudónimos escogidos se correspondían con sus iniciales: Currer, Ellis y Acton Bell, nombres deliberadamente andróginos que reflejan una tensión de género, conocedoras como eran de la gran misoginia que se daba entonces en la industria cultural. Las tres hermanas se hicieron cargo de los costes de publicación de una tirada de 1.000 copias, que fueron considerables.

Los poemas de Charlotte, recogidos en este volumen, están en su mayor parte inspirados en su pasión no correspondida por Constantin Heger, el profesor del pensionado de Bruselas donde había estudiado y enseñado durante un tiempo. Así, muchos de los temas abarcados tienen que ver con el amor perdido, la nostalgia por la felicidad del pasado, e incluso, en “Gilbert”, la historia de un hombre casado que ha jugado con una joven. Gradualmente, algunos poemas empiezan a mostrar el desengaño y la idealización previa se convierte en ira, como queda reflejado en “Frances” y bien ha señalado Claire Harman en su biografía.

Son estos unos poemas que hoy podrían parecer convencionales, clásicamente sujetos a los preceptos de la forma, aunque en su momento habrían causado escándalo de haberse conocido los motivos reales de la inspiración de la autora. De ahí, entre otras razones, la necesidad del anonimato. Las fórmulas de la poesía romántica, de inspiración byroniana, son escrupulosamente duplicadas, a veces proporcionando la sensación de que estos versos están encorsetados, que lo único que vuela en ellos con un aliento de vida auténtica es el secreto de la pasión que los alumbró.

Desgraciadamente, la traducción de Xandru Fernández para Alba, editada por Gonzalo Torné, no hace justicia a los versos de Charlotte Brontë. No se muestra consideración por reproducir los preceptos métricos y rítmicos, las convenciones del género, en un esfuerzo excesivo por modernizar el texto que quizás solo es un síntoma de pereza. Además, abundan las inexactitudes y los errores, como dejar Norman Peer (noble normando) en inglés, como si fuese un nombre propio. Aunque quizás el más imperdonable sea traducir “lie” (“yacer”) como “mentir” en el poema que Charlotte dedicó a la muerte de su hermana Emily.

«Adivinanza», de Alice Oswald

“¿Qué soy yo que

lleva mi cabeza

escondida en el agua desde dentro

y un ojo no puede ver al otro?

.

No el sueño, pienso

ni el polvo …”

.

Diciendo esto, la niebla

con pies de lana, guantes blancos y

escondiendo su cuerpo en su barba

apareció entre los mundos perdidos y

.

No

.

Y entonces los bosques no eran

el viento no era

.

El golpe en la puerta no era

.

Los dos que permanecían allí

y los dos que los vieron no

dijeron lo que dijeron

.

Porque entonces sus bocas no eran,

sus palabras no eran …

“¿Qué es eso que

llora al levantarse…”

No la niebla dijo la niebla

.

Llorando

.

The Paris Review, Winter 2025

Mujer vegetal

Olga Tokarczuk ha escrito una novela de sanatorio que dialoga con La montaña mágica y cuyos pacientes tuberculosos filosofan sobre la tradición y la modernidad, el logos y la naturaleza, Dios y los demonios, el hombre y la mujer. En su particular crítica de la cultura occidental, la autora ha incluido razonamientos misóginos de multitud de sus prohombres. Detrás de la sonrisa de la Mona Lisa, ¿no hay quizás una voluntad equívoca de seducción? Es este espacio instintivo, no racional, que habitaría la mujer del que Tokarczuk se apropia para exponer una historia de venganza de las fuerzas femeninas y oscuras de la naturaleza contra el patriarcado y la civilización. Después de todo, en Görbensdorf tienen lugar misteriosas muertes justo después del equinoccio de otoño, cuando las noches comienzan a crecer y la oscuridad cubre la imagen de cuento infantil de la aldea con su manto.

En la Pensión de Caballeros a la que llega el joven polaco Miecysław Wojnicz hay una peculiar afición por consumir un licor de setas que se conoce como Schwärmerei, y que produce un extraño efecto, una disociación de los sentidos por las que la realidad se desdibuja. Es quizás el poder del bosque acechando con sus garras. Las empusas son unas criaturas demoníacas femeninas de la mitología griega que se alimentaban de jóvenes solitarios y desprevenidos. Los hombres de la pensión disertan sobre los aquelarres en el monte Homole y la persecución de las brujas. Quizás aquellas mujeres torturadas se han encarnado en las fuerzas del bosque para cobrarse su venganza.

El joven Wojnicz podría parecer una víctima propicia, pero antes de que llegue la fatal noche del sacrificio ha recibido una importante educación por parte de su amigo Thilo, que le enseña a entrenar su mirada observando las formas ocultas en un cuadro de Herri met de Bles. Quizás el bosque esconde su propio rostro, una forma humana, una mujer vegetal, como las Puppe, muñecas construidas con residuos naturales para que se desfoguen con ellas los carboneros. Herr Frommer también le habla de geometría, de la “cuarta dimensión”. Este es el problema de la realidad, el problema del conocimiento. ¿Cómo saber si lo que vemos se corresponde con valor objetivo alguno? Este entrenamiento de la mirada acercará a Wojnicz al poder del bosque. ¿Cómo vamos a temer lo que ya es parte de nosotros?

Como en La montaña mágica, en Tierra de empusas el joven protagonista es el sujeto de un proceso alquímico, una transformación por la que se refina el centro mismo de su conciencia. En el caso de Wojnicz esta metamorfosis es explícita, pues el suyo es un caso de fluidez de género. Hay efectivamente un mundo intermedio, como dijo Platón, un tercer espacio mediador en el que se deshacen todos los dualismos, todas las mentiras que nos contaron los grandes sabios y filósofos en ese magno y moralmente incierto esfuerzo por construir la cultura.

Hablar con palabras nuevas

Con, de Miriam Reyes, Premio Nacional de Poesía 2025, es un poemario preocupado por las conjunciones. Hay una creatividad que surge de las sumas que resultan en algo más que simples adiciones. Dos seres se multiplican. De alguna manera un nuevo mundo se abre ante ellos: la superposición de sus miradas como un milagro de la experiencia, lo que significa juntarse.

Esta odisea amorosa sucede en tres etapas más una coda o final.

  • EXPECTACIÓN: siempre existe un momento previo al enamoramiento. La incitación a la aventura. Vislumbramos el bosque. Es frondoso, como los sueños. Nos preguntamos si guarda un tesoro. Quizás el autoconocimiento. Quizás hay una puerta que se abre. Nos fascinan los mapas invisibles. Y ahí es cuando nos perdemos.
  • PELIGRO / TEMORES: La primera maravilla está en el reconocimiento del otro. Hay un abismo que nos separa del amor, exactamente la diferencia entre dos corazones, dos espíritus diversos. Quizás el deseo es la cifra de la posibilidad, una maniobra de acercamiento torpe y precisa. El lenguaje de la voluntad se pone en marcha y eso casi siempre tiene un precio. Surge el miedo ante las trampas, las pruebas. El espíritu se fortalece o desiste dependiendo de los poderes de seducción del discurso.

Porque todo amor es discurso. Esto es, una historia que puede conllevar un aprendizaje. De las conjunciones saltan chispas, universos que se abren. Es entonces cuando se ejecuta la alquimia. Aprendemos un verso nuevo. O bien caemos enfermos. O bien adquirimos la palabra. Una nueva ansia por narrar las ideas de cada quien, el relato de aquella persona que me mira y busca su propia caligrafía.

A veces no es tan fácil y entonces el bosque nos expulsa, como tantos espacios perdidos en el tiempo que no supimos habitar. El amor es también un ritual violento. Sus presas han huido a una distancia tan lejana y tan cercana como todos los instantes en que fuimos algo. Precisamente así, rompiéndonos, entra lo nuevo.

  • CORAJE / LANCE. Ya estamos en lo más profundo del bosque. Las ramas de los árboles oscurecen la comprensión. Sin embargo, surge un pálpito en lo más hondo del ser. Ya no somos quienes fuimos. Seré, tal vez, yo. Me hago realidad al mismo tiempo que me encuentro en la mirada del ser amado. Estoy creciendo. Este es un asunto de la biología, de la conjunción de los astros, pero, sobre todo, del lenguaje.
  • AL FIN (DEDICATORIA CELEBRANTE). La coda es la desembocadura del ser.

A muller e o imperio

Jane Eyre, editada en 2023 por Irmás Cartoné na excelente tradución de Celia Recarey Rendo, apareceu en 1847, un ano antes das revolución que se estenderían por Europa, e participa do mesmo espírito do desafío. A historia de amor entre Jane e Rochester é un manifesto feminista, unha vindicación da igualdade, o resultado do clima intelectual que inauguraran as convulsións en Francia e Estados Unidos.

A odisea romántica tamén é unha viaxe na procura dunha afirmación política, o dereito a soñar un destino propio. Charlotte Brontë fabulou unha revolta contra a sociedade do seu tempo, o espello da revolución no corazón dunha moza sen esperanza. Esta é unha autobiografía que describe o progreso no camiño espiritual que leva a unha muller a descubrir a súa verdade.

Mais de feito esta pelerinaxe de Jane cara a súa vida adulta non é nada decidida, senón que está marcada pola ansiedade. A crítica Susan Meyer subliñou as preocupacións de Charlotte Brontë polas implicacións do imperialismo británico. Rochester fixo a súa fortuna traficando con escravos no Caribe. Casou con Bertha Mason, unha crioula, polo seu status, os seus cartos e o seu atractivo superficial. Tamén a fortuna que Jane herdará estará luxada polo escravismo. No corredor do terceiro piso de Thornfield reprodúcese o castelo de Barba Azul. Alí Bertha Mason está encerrada pola súa loucura, como Jane fora encerrada na infancia polos seus ataques de ira. Agora Bertha, tal como expuxeron Gilbert and Gubar, vai actuar as fantasías máis violentas e fondas de Jane contra Rochester e todo o que o seu status como membro do patriarcado nun país colonialista representan. Hai unha inquedanza nesta historia de amor, un sentido de que as cousas non están de todo ben no corazón do Imperio, no corazón da mesma Jane, desposuída do seu ser ao desexar ao outro.

El terror y la gracia

La poesía de Carmen Martín Gaite se ocupa del milagro de la escritura, la creatividad, la imagen y el lenguaje. La tarea del poeta consiste en trasladar una visión del espíritu al papel. A veces hay demasiada luz para el poema. La conciencia individual es quien, pues, nos resguarda de los peligros. La gracia se alimenta de las cosas más sencillas, de un oficio humilde que es ejercido en soledad, con útiles pobres y honestos: la ortografía, la gramática y la perspectiva con la que se enfoca el mundo, ese paisaje inhóspito que sobrevive en la palabra.

La escritura representa también una traición de la inspiración. El lenguaje es engaño, pero también es indescifrable la realidad, un mundo que nos es “ajeno e invencible”, como el paisaje del poema “Batalla perdida”, que nos sirve como excusa para pensar, para soñar un sueño doloroso y nítido, escenario de pasiones que estallan en batallas sin nombre ante su desafiante imperturbabilidad. Nuestra mirada sobre el paisaje, esta es la cifra del acertijo, esta relación entre la conciencia y el mundo. Toda nuestra imperiosa voluntad ahogada finalmente en un lamento de soledad.

Naturalmente surge la incertidumbre sobre la trascendencia del poema: ¿es palabra verdadera o artificio? Toda el ansia de escribir es una búsqueda de significado, aunque la autora se muestra escéptica, sospecha ser víctima de un engaño en sus ensoñaciones artísticas, intuye la burla de un destino cruel y omnipotente por el que quizás nada llega a comprenderse nunca.

El pasado, especialmente el tiempo de la infancia, aparece como salvación perdida. Aquel era un tiempo libre del terror y de la duda moral del arte, de los numerosos desgastes de la edad adulta, esa dureza de la monotonía. La impetuosidad del futuro surge con su amenaza frente a un pasado luminoso e impertérrito. El sueño es la frontera exacta entre la infancia y la poesía.

Flor de curación

“Más tarde, en casa, / reparo en / que mi melancolía es / un golpe de amarillo”. Marta Sanz revisa la mecánica de la luz y de sus sombras de muerte a través del bosque de la fábula. Este interés en iluminar la visión hasta el detalle, esta “luz del cuarto oscuro” en los poemas, surge de una perspectiva crítica del mundo que nos rodea, al tanto de sus conflictos. Vivimos en un tiempo de guerras que también desgastan al espíritu, que observa desde la distancia. Hay manchas, impurezas en la mecánica de la vida, esta ley que rige el mundo. Se insinúa como alternativa la conciencia de la rebelión. La agresividad y el dolor vienen a ser lo mismo, y todos los males amenazan con enquistarse en el ser, originando esa maraña que es la enfermedad, ese sobresalto del yo ante la carga de la realidad. Quizás el problema es tener una visión demasiado detallada, que interioriza cada suceso. El yo enfermo y el yo político.

La palabra es exacta, desencajada, como un fragmento de guerra, el conflicto de Palestina o las enfermedades hepáticas. También era esto la vejez, el temor a que se desencadene el fin. El desastre anunciado por el paso del tiempo, horror de hospitales y error de la biografía. Ser mujer y ser vieja es también ser consciente de las deudas de la historia. Se ha dibujado la geografía del miedo, un mundo diseñado por el hacedor de torturas, el que nos advierte y nos atormenta. Es la última oportunidad de regresar al libro. La metáfora y la “carne de gallina”. Porque dudamos si hay palabras que no se saben decir. Dudamos entre el lenguaje y la vida. Dudamos también del telediario. De todas las peripecias del dolor. Entrañamiento imposible de la desdicha. “Indagamos en las raíces reales del dolor”. Quizás eso también es la curación por la palabra, allí, dentro de la flor juanramoniana.

Poesía e números

A materialidade da economía transmútase en espírito, pois toda experiencia da transcendencia ten un prezo, mesmo se temos que pagar polo tempo. É así que a materia é espírito, e o espírito é materia, e a partir desta filosofía se crearon os poemas.

Non sempre lle damos unha relevancia ao custo da beleza; estas tarifas as ocultamos. Agochamos a economía, quizais por descoñecemento das dinámicas de poder que nos estrullan.

A falsa autónoma fai esta visibilización. Trátase de subliñar as sumas e as restas. Yolanda Castaño expón as súas contas. Cóntanos a súa contabilidade. Non pretende tanto facer ou desfacer teorías sobre a plusvalía ou as explotacións que se desenvolven nesta idade crítica para o emprendemento. O que ela quere romper é un tabú: o diñeiro tamén é poesía. O arte precisa cartos para se construír e hai unha beleza, ademais, nos números.

Dende Virginia Woolf, as mulleres somos conscientes da nosa desvantaxe na historia da arte. Faltáronnos o cuarto propio e os cartos. Sempre tivemos moitas máis tarefas que facer no niño doméstico, que estabeleceu esta explotación e chamouna “orden social”. Aí é onde prenderon as insatisfaccións, os soños de independencia.

Esta independencia da muller creadora é problemática. Non saen ben os números. A soidade é moi cara. Pérdense moitas tardes para formar un mundo, e sempre hai débedas. O tempo da escrita destrúe todas as horas, tantos días. Déixanos na indixencia e logo sempre hai que facer outra cousa. Algo que nos manteña en pé. A vida é traballo, o éxito é esgotador e non hai nada que fique fóra desta nora na que xiramos para non perder o sentido do acontecemento. As miradas das mulleres dos tempos pasados nos empurran porque nós podemos acadalo. Polo menos liberar o corpo da súa escravitude de séculos. Pechouse o escenario das promesas románticas, que sempre resultaron tan dubidosas.

De certo facer este camiño non ía ser doado. Ninguén quere axudar a unha muller que traballa soa. Mesmo hai unha sospeita de insubordinación. Por iso ela vive nunha falsa existencia, porque son os soños os que están a tecer esta economía subxectiva, inmaterial, da muller poeta.

Pintar la verdad (imagen y palabra)

Toda antología es el resultado de lanzar los dados, y ciertamente José Teruel era el maestro de ceremonias propicio, pues la sucesión de los textos, aparentemente inconexos, si no fuera por el hilo del genio de la autora, va arrojando un tapiz que corresponde a la lectora descifrar para proclamar el oráculo. La tarea sagrada de la interlocutora era interpretar estas páginas desordenadas siguiendo las miguitas de pan del cuento, igual que Carmen Martín Gaite descifró a Macanaz.

Carmen Martín Gaite frecuentemente necesitó incidir en la justificación en el acto de la escritura. Se da una urgencia ante el papel en blanco, una necesidad de registrar las revelaciones. Existimos como argumento, toda narración del yo se da como jeroglífico, por eso la vida se recrea en las imágenes de la fábula. En esta sucesión de textos asistimos al progresivo desvelamiento de la imagen como punto de partida de la escritura. Hablamos por ejemplo de ese campo de flores malva que descubre a través de la ventanilla del tren.

Ese mundo exterior nos invade, y continuamente percibe Martín Gaite la confusión de esta opresión. La escritura se convierte en una herramienta para razonar la propia diferencia, esa manera en que nos desprendemos del torbellino de la vida para iluminar un pensamiento, algo que propiamente nos salve. Este acto de escribir es un acto de separarnos del mundo, un ejercicio de liberación.

Pero lo principal es que la palabra es para Carmen Martín Gaite, como el poder de la narración y el lenguaje, sinónimo de vida, y toda literatura ha de estar tocada por el brillo del espíritu, en oposición a los discursos resabiados, a los estereotipos, a las frases huecas y a las teorías sin contacto alguno con la autenticidad de la existencia.

Una imagen del campo (las vacas, las moras, las nubes) durante un paseo con su hija en El Boalo el 31 de julio de 1964, cuando la niña tenía ocho años, y que está incluido en El cuento de nunca acabar, resulta en la urgencia de poner esa imagen por escrito. Hay algo en la relación entre madre e hija, en la manera en que ambas responden al paisaje, que proporciona a Carmen la clave de su estética. No se trata tanto de lo que ella quiera escribir, sino de los sacrificios que ha de acometer –vivencias suprimidas, esperanzas ahogadas– para llegar a ser quien es. El viejo dilema entre la escritura o la vida, al fin. La génesis del cuento está, pues, nuevamente en una imagen que cristaliza no solo un estadio de la conciencia, sino también un manojo de emociones. El pecado está en narrarlo para no vivirlo, en ese gesto de apartar la vida para volverse al interior.

Esa imagen que es preciso rescatar como motivo de la escritura la persigue a lo largo de su carrera y se plasma plásticamente en el “cuento roto” de su poema a Nueva York. Esta imagen que antes era quizás un paisaje en El Boalo ahora se convierte en un cuadro de Edward Hopper en el museo Whitney. Se trata de la representación pictórica de una mujer sentada en la cama de una pensión mirando hacia la ventana, la misma ventana que conduce al país de los sueños, la intersección entre dos mundos que da origen a todos los cuentos.

En aquel paseo del verano de 1964, su hija había concebido el deseo de pintar un cuadro que pareciese de verdad, que fuera incluso más allá, representando lo invisible. Ésta es la misma verosimilitud del cuadro de Edward Hopper en el museo Whitney en el poema “Todo es un cuento roto en Nueva York”. Es ése el espejismo que hemos buscado constantemente entre las páginas de los libros, como esa mujer de Hopper con “la mirada estática / clavada eternamente de cara a una ventana / que de tan bien pintada parece de verdad”. Pintar la verdad, el sueño de Marta.

Hemos descubierto a través de estos textos la búsqueda de una imagen, un fragmento de realidad que justificase el viaje estético. La realidad, al fin, irrumpió brutalmente con la enfermedad y después la muerte de Marta Sánchez Martín el 8 de abril de 1985: “Pero esta vez no era literatura”, escribió Carmen Martín Gaite sobre el fatal rapto de la Reina de las Nieves en el poema “La última vez que entró Andersen en casa”. 

Inocente soledad

Virginia Woolf escribió su primera novela, The Voyage Out, publicada en 1915, mientras se recuperaba de graves crisis de salud mental y un intento de suicidio en 1913. Su matrimonio con Leonard Woolf en 1912 acabaría consolidándose como una fuente de estabilidad para el desarrollo de su carrera literaria. En esta su primera novela Woolf despliega un estilo a caballo entre la novela victoriana y el modernismo. La hondura psicológica de los personajes se amolda a la técnica del estilo indirecto libre. Pero sobre todo esta es una temprana manifestación de su conciencia feminista. Rachel Vinrace es una joven inglesa con una sensibilidad musical y una formación limitada, consciente de que el destino de las mujeres de su tiempo es el matrimonio. Hay algo de ternura en su relación con Hewet, pero también una profunda incomprensión mutua. Una expedición en barco al corazón de un país sudamericano decide su compromiso, pero ahí también se han sembrado las semillas de una rebelión inconsciente. La sociedad empuja y el cuerpo emite su veredicto. En la poesía de los últimos capítulos encontramos quizás una meditación de la autora sobre las causas y los orígenes de su propia enfermedad. Rachel muere bajo la luna de mayo de una fiebre. Quizás ahí se inicia su propio camino, el que ella habría elegido. Porque no hay nada más adorable que la libertad de aquellos paseos de su soledad inocente por Richmond Park antes del viaje, antes del amor, antes del cataclismo.