El terror y la gracia

La poesía de Carmen Martín Gaite se ocupa del milagro de la escritura, la creatividad, la imagen y el lenguaje. La tarea del poeta consiste en trasladar una visión del espíritu al papel. A veces hay demasiada luz para el poema. La conciencia individual es quien, pues, nos resguarda de los peligros. La gracia se alimenta de las cosas más sencillas, de un oficio humilde que es ejercido en soledad, con útiles pobres y honestos: la ortografía, la gramática y la perspectiva con la que se enfoca el mundo, ese paisaje inhóspito que sobrevive en la palabra.

La escritura representa también una traición de la inspiración. El lenguaje es engaño, pero también es indescifrable la realidad, un mundo que nos es “ajeno e invencible”, como el paisaje del poema “Batalla perdida”, que nos sirve como excusa para pensar, para soñar un sueño doloroso y nítido, escenario de pasiones que estallan en batallas sin nombre ante su desafiante imperturbabilidad. Nuestra mirada sobre el paisaje, esta es la cifra del acertijo, esta relación entre la conciencia y el mundo. Toda nuestra imperiosa voluntad ahogada finalmente en un lamento de soledad.

Naturalmente surge la incertidumbre sobre la trascendencia del poema: ¿es palabra verdadera o artificio? Toda el ansia de escribir es una búsqueda de significado, aunque la autora se muestra escéptica, sospecha ser víctima de un engaño en sus ensoñaciones artísticas, intuye la burla de un destino cruel y omnipotente por el que quizás nada llega a comprenderse nunca.

El pasado, especialmente el tiempo de la infancia, aparece como salvación perdida. Aquel era un tiempo libre del terror y de la duda moral del arte, de los numerosos desgastes de la edad adulta, esa dureza de la monotonía. La impetuosidad del futuro surge con su amenaza frente a un pasado luminoso e impertérrito. El sueño es la frontera exacta entre la infancia y la poesía.

Flor de curación

“Más tarde, en casa, / reparo en / que mi melancolía es / un golpe de amarillo”. Marta Sanz revisa la mecánica de la luz y de sus sombras de muerte a través del bosque de la fábula. Este interés en iluminar la visión hasta el detalle, esta “luz del cuarto oscuro” en los poemas, surge de una perspectiva crítica del mundo que nos rodea, al tanto de sus conflictos. Vivimos en un tiempo de guerras que también desgastan al espíritu, que observa desde la distancia. Hay manchas, impurezas en la mecánica de la vida, esta ley que rige el mundo. Se insinúa como alternativa la conciencia de la rebelión. La agresividad y el dolor vienen a ser lo mismo, y todos los males amenazan con enquistarse en el ser, originando esa maraña que es la enfermedad, ese sobresalto del yo ante la carga de la realidad. Quizás el problema es tener una visión demasiado detallada, que interioriza cada suceso. El yo enfermo y el yo político.

La palabra es exacta, desencajada, como un fragmento de guerra, el conflicto de Palestina o las enfermedades hepáticas. También era esto la vejez, el temor a que se desencadene el fin. El desastre anunciado por el paso del tiempo, horror de hospitales y error de la biografía. Ser mujer y ser vieja es también ser consciente de las deudas de la historia. Se ha dibujado la geografía del miedo, un mundo diseñado por el hacedor de torturas, el que nos advierte y nos atormenta. Es la última oportunidad de regresar al libro. La metáfora y la “carne de gallina”. Porque dudamos si hay palabras que no se saben decir. Dudamos entre el lenguaje y la vida. Dudamos también del telediario. De todas las peripecias del dolor. Entrañamiento imposible de la desdicha. “Indagamos en las raíces reales del dolor”. Quizás eso también es la curación por la palabra, allí, dentro de la flor juanramoniana.

Poesía e números

A materialidade da economía transmútase en espírito, pois toda experiencia da transcendencia ten un prezo, mesmo se temos que pagar polo tempo. É así que a materia é espírito, e o espírito é materia, e a partir desta filosofía se crearon os poemas.

Non sempre lle damos unha relevancia ao custo da beleza; estas tarifas as ocultamos. Agochamos a economía, quizais por descoñecemento das dinámicas de poder que nos estrullan.

A falsa autónoma fai esta visibilización. Trátase de subliñar as sumas e as restas. Yolanda Castaño expón as súas contas. Cóntanos a súa contabilidade. Non pretende tanto facer ou desfacer teorías sobre a plusvalía ou as explotacións que se desenvolven nesta idade crítica para o emprendemento. O que ela quere romper é un tabú: o diñeiro tamén é poesía. O arte precisa cartos para se construír e hai unha beleza, ademais, nos números.

Dende Virginia Woolf, as mulleres somos conscientes da nosa desvantaxe na historia da arte. Faltáronnos o cuarto propio e os cartos. Sempre tivemos moitas máis tarefas que facer no niño doméstico, que estabeleceu esta explotación e chamouna “orden social”. Aí é onde prenderon as insatisfaccións, os soños de independencia.

Esta independencia da muller creadora é problemática. Non saen ben os números. A soidade é moi cara. Pérdense moitas tardes para formar un mundo, e sempre hai débedas. O tempo da escrita destrúe todas as horas, tantos días. Déixanos na indixencia e logo sempre hai que facer outra cousa. Algo que nos manteña en pé. A vida é traballo, o éxito é esgotador e non hai nada que fique fóra desta nora na que xiramos para non perder o sentido do acontecemento. As miradas das mulleres dos tempos pasados nos empurran porque nós podemos acadalo. Polo menos liberar o corpo da súa escravitude de séculos. Pechouse o escenario das promesas románticas, que sempre resultaron tan dubidosas.

De certo facer este camiño non ía ser doado. Ninguén quere axudar a unha muller que traballa soa. Mesmo hai unha sospeita de insubordinación. Por iso ela vive nunha falsa existencia, porque son os soños os que están a tecer esta economía subxectiva, inmaterial, da muller poeta.

La encrucijada de la poesía

Desde un tiempo antiguo, los dictados determinan las vidas de las mujeres.  Aquellas órdenes no pueden ser desobedecidas sin causar un tumulto. Estos poemas de Pilar Adón examinan la geografía emocional de una mujer soltera, sola. Hay una mujer cuyo ser se ha escindido. Ya no es aquella que otros esperaron ni la que ella soñó ser. Los poemas enfocan este dolor en el entorno doméstico, un espacio traspasado por la tristeza. La mujer también es la casa que habita. Su hogar es un refugio ahora ensombrecido. Consiste en muros que no contienen el calor, puertas que no se abren ni se cierran, el centro de la soledad.

Hay un efecto íntimo, desgarrador, de la soledad. Un daño que trasciende los entornos. Esta odisea inversa se refleja en un cuerpo que se quiebra, una mente que zozobra, el luto ante el amor que nunca fue. Tal vez una escalera se materializa ante la conciencia de la mujer herida, una oportunidad para la ascensión, para sobreponerse a este torbellino descendente.

La pérdida de la felicidad es el tema de estos poemas. Este dolor no ocurre en el vacío. No hay neutralidad posible. Pilar Adón esboza una estética del desconsuelo. Es precisamente esta voluntad de aferrarse al pasado, de no superar el trauma de la vida adulta. Son los primeros instantes de la desolación, la comprensión del daño que es el destino. Es entonces cuando se susurran las respuestas, todas insuficientes. Nos quedan las palabras, esa voluntad inútil de curación en el lenguaje.

Existe una esperanza frágil, una memoria del paraíso ahí donde se alumbró un sueño de plenitud justo antes de la pérdida. No hay razonamiento ni justificación, solo visiones encendidas. Un dolor que se vuelve menos vivo, que asiste a un nuevo capítulo. La vida no ha cumplido su promesa. Los vínculos se diluyen y, sin embargo, los días se suceden: una renovación de la existencia, que se sabe más vulnerable, más sabia.

Esta supervivencia precaria arrastra el desconsuelo, se lleva lo más querido. Esa caída del paraíso y algo nuevo que surge, esta identidad solitaria, independiente, alimentada de vínculos borrados, de sueños, de un fuego ya callado. Todo lo que pudo ser frente a la realidad del desconcierto. El asidero de las palabras para explicarse el cambio de un mundo, una vida transformada sin asomo de culpa, acaso con unos pedazos de nostalgia, aquella que yo fui. Aquel paraíso soñado pervive en la memoria. El pasado que nos alimentó, el pasado nutricio, un rastro de amor. Aquel vínculo roto, una herencia generacional sin culpa, sin lamentaciones. El pasado que nos habita, la soledad inevitable.

Esta pérdida implica una transformación, pero también un traslado, el pasadizo entre los mundos. Una forma de habitar los umbrales, espacios liminales en los que se revela un sentimiento, se sella un vínculo. La gracia de haber poseído otro ser y la transfiguración del viaje, aquel emisario del miedo. Asistimos al luto por un ser que amamos, quizás por un pedazo de la propia conciencia, el tránsito entre la gracia y la desolación.

Estos poemas contemplan pasadizos, los caminos que nos llevan al hogar y a lo que no es hogar. Hay un antes y un después. Un futuro que nos renueva contra nuestra voluntad cuando todo lo que ansiamos está en el pasado, el instante de la gracia. Aquel sol que ya fue. Rumor de sentimientos perdidos que nos sitúan en el inicio mismo de la ascensión. Quizás la renuncia a todos los mandatos nos ha situado en esta intersección confusa, la oportunidad de la transfiguración, la encrucijada de la poesía.

Desplegamos una vigilancia insistente que estudia cada etapa del trayecto, esta expedición por la que retornamos a nuestro yo auténtico. La juventud perdida que reaparece en una tardía manifestación del espíritu. Son estas las floraciones del ser, las dádivas del dolor por haber perdido la imagen de una misma en el laberinto. Fue quizás el miedo lo que propició esta maduración, este reverdecer de todo lo invisible que nos habita. Los recuerdos y también las promesas.

Nos queda asumir la contención como consuelo. El dolor que se suprime mediante el silencio. Esta disolución del ser, paulatina. Esta promesa de cariño, olvidada. Porque no hay hijos. No quedan rastros. Ser siempre hijas de alguien, nunca madres. Haber perdido el corazón porque hace frío, frío en el mundo del mañana y el amor es apenas un souvenir.

Demasiado sentimiento para ver el camino. Demasiada comprensión para aceptar el presente. “Demasiada luz es ceguera”. Los días se suceden pesados, sin perspectiva, cuando nos resistimos a asumir la levedad.

El tiempo es ese misterio que cifra nuestra agonía. ¿A dónde se van los momentos felices? Alimentan nuestra memoria, sostienen el espíritu… y desaparecen. El tiempo huye y nada permanece, sobre todo en la vida de la mujer soltera, cuya mirada está puesta siempre en el pasado, en el origen propio, la mirada fija en la infancia constante, principio y final de un destino.

Sintonía nacida

Chairas sucesións, de Oriana Méndez (Chan da pólvora, 2023) é un exercicio de revelación poética que nos achega uns apuntamentos sobre a creación do mundo, a súa invención a través da palabra dos namorados, esa sucesión de chairas, multiplicación de xeografías, espazo que habita o tempo, presente incesante, o intre no que se nomean todas as cousas.

O poema é parte do oficio de crear un mundo, esta linguaxe xorde dunha relación, dunha correspondencia entre dous seres que falan, que habitan o momento da creación. A xeografía é a linguaxe, territorio que xorde do verbo, do esforzo por imaxinar todas as cousas, as coordenadas do soño e as que non existen. Un mundo revélase, acontece ao ditado da poeta. Un planeta vivo na palabra.

O acto de crear un mundo é unha continuación do pensamento, os espazos xorden de certas ideas, soños, movementos do espírito nos que abrolla a lingua, a intuición de amor que move o mundo. No epílogo, “Despois das chairas, unha cerdeira / buscarás a chave / buscarás a vida”, falásenos dese “mesmo puro esqueleto do pensamento” que “debuxa” (…) “a liña dun horizonte, ese mapa en sucesións, chairas propiamente”.

Non é senón a fundación do relato, a xénese, dúas voces en dubidosa harmonía, este horizonte no que caemos dende máis altos territorios, o Paraíso. Esta caída que se articula en palabra namorada que transita os mundos, prende a lareira, que é como cabalos que foxen cara a outra realidade.

Esta creación dun mundo parte dunha conciencia, unha subxectividade que dialoga, que ama, un corazón do que xorden os espazos infinitos, este froito da cerdeira do Paraíso (para a poeta a árbore da vida foi certamente unha cerdeira), este territorio. Es ti, lector(a), o centro do amor, a chave do labirinto. Este é o alento das orixes, a cifra do poema, o que quedou dito e o que foi creado, o que foi imaxinado e logo simplemente aconteceu, como acontecen os versos, as xeografías. A imaxe reside na mirada, o ollo é o lugar exacto da creación.

Estes dous que crean unha linguaxe que crea un mundo de vez son Adán e Eva. O seu amor é traizoeiro, un “corazón inverso que se pronuncia / para o seu dentro”, a orixe da cantiga. Ela, Eva, está na intersección, partilla dun coñecemento único. O seu destino é habitar esta caída, este planeta (chairas, sucesións) que xorde como froito da árbore do xardín do Edén. É o pensamento o que crea os carreiros, as vereas, extensións de territorio. É tamén o corazón dos namorados o que imaxina todo o que existe. Esta apertura, este poder de creación é posible  porque os seres manteñen a memoria da súa habitación no Paraíso. Hai unha imaxinación namorada que é transcendente, na que acontece a xénese do infinito.

Esta xénese, esta “área matriz” que habita Eva, posuidora ela do “arco do arqueiro”, está marcada polo seu desexo e máis pola perda, pola discordancia que é o signo deste mundo caído. Os amantes divídense, extravíanse, e logo se volven reunir no territorio da linguaxe, da Imaxinación. Este é o seu “corazón-fábrica”, que produce unha “sintonía nacida”, un mundo que xermolou “nun estrondo da orde do máxico”. Mais “Quen goberna a convulsa mirada en movemento?” Todos os ollos están a repetir o seu nome.

Promesa de la luna

Miguel Hernández, pastor y poeta del sol y de la luna, poesía que es luz derramada sobre la noche del alma, poeta de la génesis del mundo, trovador de la pena y del penar y de la lástima, trovador de la vida como rayo de amor que no cesa en su aspiración de muerte, el destino de la piel del toro. La tragedia civil es una oportunidad para la fraternidad, para componer el canto de un mundo que es España, de una geografía que se hunde en el vientre materno, dulce, blando, oscuro como la luna meridional. Poeta del mediodía, de la luz, ante todo un poeta que es un hombre rendido ante la belleza del misterio, el misterio del dolor y de la muerte pero también de la generación y de los astros. Del alba de su Josefina Manresa. De la noche profunda del hijo muerto, Manuel Ramón. Poeta de la palabra que se rompe para dar con la luz de un lenguaje nuevo, crisol de la modernidad. Lengua que se quiebra espantada del pasado para que fluya la sangre del nuevo día, una savia renovada, fractura del futuro, esperanza de la tierra, esperanza del porvenir, promesa de luna, promesa de redención.

Orixe e fin

Chus Pato, Sonora, Xerais, 2023.

Hai unha ética nos traballos da revelación. Sonora (Xerais, 2023), o novo libro de poesía de Chus Pato, estrutúrase en nove ondas, nove xerminacións da conciencia, “como alianzas ou aneis ou esferas de levitación”. Segundo a autora, cada circuíto separa dous mares. Hai unha interxección entre mundos posibles: as orixes arcaicas da humanidade, a posibilidade dunha migración cara a outro acontecer. O destino da especie xorde como interrogante, como motor da palabra. As rupturas na linguaxe abren un suco de significacións. As historias mestúranse coas lembranzas, o pesadelo da morte xorde como promesa de que é posible traspasarmos os nosos contornos. Este é un poemario escrito no bordo da historia que olla para os comezos, que se proxecta no infinito.

É así que a primeira onda, “Talismán”, abonda na presentación de espazos liminares, portas de entrada, os lindes entre os mundos. Existimos no bordo, somos guiados nun percorrido iniciático. A vibración da Creación trasládase ao poder da palabra para reproducir o son, para consumar a transcendencia. Contemplamos o cervo, a máquina. Habitamos esa interxección, o espazo exacto da apocalipse.

A sonoridade da palabra é esa vibración do mundo que nos vai acompañar en cada novo inicio, nesa mesma xénese da primeira onda, o Big Bang, tamén abofé, un mundo novo. Isto que se estende desde a orixe dos tempos é o verbo, a morte. Unha herdanza de séculos, podremia, a fin e o principio. A lembranza do verso, o esquecemento de todo o que existiu. A esperanza, un latexo, a palabra como manifestación sonora do espírito.

A poeta xestiona este acontecer, descobre o lugar exacto das imaxes na Historia. Esta é unha poesía visionaria. Hai intuicións, imaxes interrompidas, rastros de historias, profecías que fican autocumpridas no momento da lectura. Asistimos á revelación dunha estética, dunha teoría profética. Cada unha de nós é esa persoa elixida, a musa que acaba por se fundir coa poeta. Todas camiñamos entre as sombras, alimentándonos de osíxeno, de luz, de gramática. Estableceuse unha ecuación perfecta, o diámetro da primeira onda produce o encaixe entre os mundos, esa fluidez entre mares distintos, irreconciliables.

Neste bordo da historia habitamos o punto de contacto, a intersección. O espazo da lenda posúe as feituras dun mundo arcaico que se vai proxectar no futuro. A desecación da lagoa da Antela ocorreu no ano de nacemento da autora. Esa é a Zona do Stalker na película de Tarkovski, un territorio devastado, unha porta de entrada ao futuro. Esta é a escrita da rebelión, a palabra que agocha o secreto.

Velaquí a importancia do signo, desta viaxe que iniciamos en tempos convulsos. Esta civilización, este ventre, esta cultura, a transitar no cosmos. Agardamos polas mensaxes, pola memoria que nos devolverá ás orixes, o niño do tempo por vir. Pasado e futuro converxen nesta primeira onda de ondas, o espazo da profecía. Os mortos teñen a súa relevancia nesta concepción da converxencia dos mundos. Son esenciais para a comprensión da linguaxe que nos é dada, a xeometría da Creación, a descuberta dos mapas. O poema recolle este coñecemento, ofrécese como enigma, como propósito de fe.

A Historia era este círculo. Caemos nas orixes, recobramos a memoria das simias, emprendemos a viaxe con novos folgos. Galicia é o circuíto, o obxecto do poema é descifrar a terra, os restos da experiencia. Trasladaremos esta mesma terra, os nosos ósos, a un mundo novo. Facemos enxertos, tentamos preservar o esencial: “Un fémur de voz corre a galope”.

A poeta proxéctase na musa. Quere aproximarse a L., quere afastarse. Os diferentes planos da realidade insírense na folla de papel. Hai unha vida que se soñou, que se intúe na escrita. É o relato do misterio. A escrita aparece como acto do pensamento. A palabra a construírse como feito da natureza, non como discurso, senón coma palabra viva, verbo. Esta é a linguaxe dos soños, das imaxes incomprensibles. Cómpre traducir un mundo tan certo coma invisible. A poeta é a mensaxeira, a filla de Mercurio. O texto é un xeroglífico, un pergameo iluminado. Galicia é o espazo da profecía, unha xeografía iniciática, principio e fin de todos os mundos, porta do alén.

Dáse unha familiaridade entre a lingua e a exhalación inefable da terra. A mensaxe que procede da xeoloxía, da vida soterrada, das múltiples formas do creado, como un todo orgánico, verbo e materia. Porque “a terra é a mente”, a poesía xorde dun tremor, dunha raiceira, dun alento ancestral que emana das orixes, un rastro de memoria, a exactitude da vibración sonora que sostén o mundo.

Esa é a “rocha lingüística”, a residencia do verbo, o lugar da existencia. Esta linguaxe abrollou desde o escuro, existe por si mesma, é a forza intelixible da Creación. O poema reproduce este coñecemento que se filtra, que atravesa os mundos. Na lectura adquirimos a memoria de feitos imposibles e certos, o destino da especie.

Cando chegamos ao noveno e derradeiro círculo visitamos o espazo da experiencia persoal. Esta autobiografía escribiuse do revés, desde o soño, ollando a morte, (o sangue tórnase negro, de certo, morremos), caendo na fin do mundo, na memoria da nenez, de todas as albas posibles, o que xa para sempre foi borrado da existencia. A vida mesma perdeuse, o soño ficou escrito con cinza, co alento da podremia, este é o verdor, a biografía que non chegou a ser, a completarse. Os soños non se realizaron. Só perdurou o signo, só fica a visión.

A muller (homo sapiens femia) é a chave que conecta os mundos. Seu é o cerebro que percibe a beleza, a significación. Faise herdeira de todo o creado: nai, filla, esposa, defunta, deusa. Poeta. Son as deusas as que están na orixe do poema.

Relato del fin

María Sánchez, Fuego la sed, La Bella Varsovia, 2024.

Fuego la sed (La Bella Varsovia, 2024) es el relato del fracaso de un mundo. La historia es interrumpida y nos enfrentamos al riesgo de perder los lugares que conocimos. El punto de referencia es el pasado, la aldea de la que provenimos. Nos queda poco tiempo para asimilar el conocimiento del fin.

María Sánchez quiere narrar el instante anterior a la desaparición, cuando al fin recapitulamos. El agua es ese elemento mágico, la fuente de la vida. Ahora se vuelve escasa, las historias se cierran. ¿Qué existencia nos aguarda más allá de esta realidad? Quizás habitaremos un espejismo. Quizás la realidad será excesiva, sombra de sombra, fulgor de la existencia.

Se abre esta brecha en la historia y la poeta reconoce la necesidad de darle voz al mundo natural, recrear el lenguaje de la resistencia. Los animales hablan en versos, reproducen el murmullo de los siglos, enumeran sus reproches. Las mujeres entonan su canto, un silencio áspero, ardiente. No hemos sabido escuchar estos lenguajes. La palabra del hombre se ha impuesto sobre todas las demás. Ha ensordecido al mundo. El deseo de poder también es un deseo de lenguaje. Este deseo de dominación ha sacrificado nuestra convivencia, ha creado el desierto. ¿Qué haremos con el exceso de lenguaje de los hombres?

El poema es una invocación y un examen de conciencia colectivo. La historia es esa calamidad por la que el agua es pasado y el fuego es futuro, destino trágico, pathos, pesadilla. Asentimos a los equívocos del progreso. Reconocemos la inocencia de la naturaleza frente a los errores de la inteligencia, ese fruto prohibido del que comimos, el inicio de la desmemoria. La lucha por la existencia es también una batalla entre distintos lenguajes: el poder del hombre para nombrar todas las cosas antes de destruirlas, y el lenguaje sometido que solo se conoce a sí mismo. “Reclamamos el espejo”, dicen los animales. Ellos ansían deshabitar la prisión, reclaman el relato de las historias que no fueron escritas, los verbos que se estimaron superfluos, la canción de la sed frente al reflejo roto del universo, los pedazos de vida diseminados en otra dimensión. Somos pasajeros de la migración entre los mundos.

El poeta ventrílocuo

Mario Obrero, Tiempos mágicos, La Bella Varsovia, 2024.

Hay libros a los que habrá que regresar una y otra vez para no perder el sentido de la revelación. Mario Obrero es el bardo visionario de unos Tiempos mágicos (La Bella Varsovia, 2024) que son la encrucijada del porvenir. Asistimos a la rapsodia del poeta ventrílocuo que versifica al dictado de un dios iracundo (iracundos son todos los dioses) que declama machaconamente el estribillo de la historia, una fábula ya concluida, una sonata política cuyas enseñanzas se nos habían escapado. El misterio es revelado en renglones torcidos, en cláusulas de luz.

No aprendemos, por eso las imágenes se suceden alucinadamente. Los ecos del pasado retumban en nuestros oídos. Venimos de ese abismo que se abrió en el 36. Ansiamos la salvación en la palabra, en la síntesis que produzca la reunión de las voces que se dispersaron por los caminos, que se ahogaron en las cunetas. El poema es un rompecabezas inscrito con letras de oro. Nos corresponde descifrar el sentido de los acontecimientos, pero el relato es una algarabía. No se ha perdido el rastro de lo divino, no, somos testigos de la palabra. Vivimos tiempos mágicos pero las verdades son susurradas en los callejones de la historia, entre sus desperdicios. El poeta es el rapsoda de la fábula nacional, hace suyo el relato mágico que persiste a través del tiempo que a su vez insiste en torcer los sentidos. Su tarea es manifestar lo indecible, abrir un reguero de luz que salve a España de su memoria, del martirio que oculta los senderos. Por eso el lenguaje se resquebraja. Estos son los fragmentos de los ecos aterrorizados de un destino que ya se consumó. Este mandato vive en la memoria del presente, en todas las ideaciones que proyectamos. Estamos ya en un país que no se recuerda a sí mismo. La voz poética lucha por hacer inteligible un secreto impensable.  

Hemos presenciado un acto de seducción muy voluntarioso. La palabra del dios hastiado de olvido. Una confusión de lenguas nacionales. Un requerimiento de pureza. La ofrenda de una inteligencia nueva. El relato de esta vieja luz que ha nacido.

Os códigos da revelación

Daniel Salgado, Os paxaros e outros poemas, Xerais, 2021.

Os paxaros (o merlo, o pardal, os corvos, a lavandeira) asisten ao devir do mundo, eles habitan este mesmo vento que nos trouxo a este bordo da historia, a esta conclusión incomprensible. Facemos unha indagación sobre a estratexia da revolta, ese silencio que agocha unha resistencia íntima ante o abismo, o poder da vacilación, a esperanza dos derrotados, os sinais que debulla o voo dos corvos, a chamada dun novo reino.

Este limiar prepáranos para pousar nun interrogante, que se estenderá ao longo de todo o libro, sobre a mecánica de todas as cousas. Aquí, neste outono máis cruel ca outros, estamos no momento propicio, o novelo desanoouse. Comezamos os exercicios da intuición, xogamos ás adiviñanzas, emprendemos a escrita do poema.

Camiñamos no antropoceno. Cales son os motivos desta clausura do mundo? Hai unha verdade histórica: o anuncio da fin. As palabras ofrecen as súas resistencias ao significado. O avance dos séculos derrotou as nosas expectativas. Afortunadamente, estamos afeitos a nos perder na primavera. Hai unha crueldade nos froitos da Creación, na perfección do tomate, na redondez da laranxa, obxectos de luz satisfeita de si mesma, testemuñas da obediencia a todo o que existe. Iso é así. Mais algunha noite habemos ler o anverso destes poemas cos ollos pechados. Atopamos anotacións, relatos, biografías que se agochan nos labirintos prohibidos, referentes que insinúan as traxectorias da mente. Contemplamos a constelación que rexe os destinos neste novo milenio, neste oeste imaxinado entre milleiros de países posibles, un poeta que quere pensar o mundo no intre derradeiro, que fai “a crónica da derrota das nacións”. Copiamos uns versos no bordo deste pergameo bíblico, rexistraremos as revelacións seguindo a exactitude dos sinais, respectando o segredo. Nomearemos un mundo sen palabras, debullaremos símbolos visionarios, recobraremos a lucidez que se perdeu nos bombardeos.

Fuximos desta vitoria anunciada, ansiámola. Desfacemos os camiños para nos perder. Pero sempre retornamos ao mesmo abismo, a encrucillada dos mundos, o coñecemento e a paciencia perante os desatinos da Creación, esa luz que nos fai dano, que nos cura, esa luz na que se condensa o espírito da Historia, a súa violencia. Velaí os antecedentes da revolta, a necesidade da organización colectiva, o suspiro da liberdade, unha melancolía propia dos oprimidos, unha oración, a friaxe dun novo amencer, de todas as orixes de todos os mundos posibles.

Hai unha complicidade que se instala na lectura destes poemas, unha vontade de camiñarmos xuntos seguindo esa mesma traxectoria indómita, o voo dos corvos unha vez máis a marcar o territorio, cara as torres. Non queremos marchar dos espazos da desolación, a lembranza da terra a piques de se consumir, un feixe de parroquias en Lugo baixo a néboa, talvez un soño.

A profecía é certa. O lume desta des-existencia, os carreiros ocultos da utopía, a revelación das posibilidades que fican agochadas pero que son comprendidas polos poetas novos.