
Olga Tokarczuk ha escrito una novela de sanatorio que dialoga con La montaña mágica y cuyos pacientes tuberculosos filosofan sobre la tradición y la modernidad, el logos y la naturaleza, Dios y los demonios, el hombre y la mujer. En su particular crítica de la cultura occidental, la autora ha incluido razonamientos misóginos de multitud de sus prohombres. Detrás de la sonrisa de la Mona Lisa, ¿no hay quizás una voluntad equívoca de seducción? Es este espacio instintivo, no racional, que habitaría la mujer del que Tokarczuk se apropia para exponer una historia de venganza de las fuerzas femeninas y oscuras de la naturaleza contra el patriarcado y la civilización. Después de todo, en Görbensdorf tienen lugar misteriosas muertes justo después del equinoccio de otoño, cuando las noches comienzan a crecer y la oscuridad cubre la imagen de cuento infantil de la aldea con su manto.
En la Pensión de Caballeros a la que llega el joven polaco Miecysław Wojnicz hay una peculiar afición por consumir un licor de setas que se conoce como Schwärmerei, y que produce un extraño efecto, una disociación de los sentidos por las que la realidad se desdibuja. Es quizás el poder del bosque acechando con sus garras. Las empusas son unas criaturas demoníacas femeninas de la mitología griega que se alimentaban de jóvenes solitarios y desprevenidos. Los hombres de la pensión disertan sobre los aquelarres en el monte Homole y la persecución de las brujas. Quizás aquellas mujeres torturadas se han encarnado en las fuerzas del bosque para cobrarse su venganza.
El joven Wojnicz podría parecer una víctima propicia, pero antes de que llegue la fatal noche del sacrificio ha recibido una importante educación por parte de su amigo Thilo, que le enseña a entrenar su mirada observando las formas ocultas en un cuadro de Herri met de Bles. Quizás el bosque esconde su propio rostro, una forma humana, una mujer vegetal, como las Puppe, muñecas construidas con residuos naturales para que se desfoguen con ellas los carboneros. Herr Frommer también le habla de geometría, de la “cuarta dimensión”. Este es el problema de la realidad, el problema del conocimiento. ¿Cómo saber si lo que vemos se corresponde con valor objetivo alguno? Este entrenamiento de la mirada acercará a Wojnicz al poder del bosque. ¿Cómo vamos a temer lo que ya es parte de nosotros?
Como en La montaña mágica, en Tierra de empusas el joven protagonista es el sujeto de un proceso alquímico, una transformación por la que se refina el centro mismo de su conciencia. En el caso de Wojnicz esta metamorfosis es explícita, pues el suyo es un caso de fluidez de género. Hay efectivamente un mundo intermedio, como dijo Platón, un tercer espacio mediador en el que se deshacen todos los dualismos, todas las mentiras que nos contaron los grandes sabios y filósofos en ese magno y moralmente incierto esfuerzo por construir la cultura.