Iluminar el retrato de Jane

La obra de Jane Austen sigue despertando un creciente interés que se ve alimentado por una multitud de adaptaciones cinematográficas y la aparición de imitaciones de mejor o menor tino. No obstante, en sus principales rasgos la “austenmanía” ha terminado por consolidar la sentimentalización de una autora que en realidad es satírica y realista, que hizo mucho por liberar al incipiente género de la novela de los elementos sensacionalistas en boga en aquel tiempo en que las narraciones góticas arrasaban entre las cada vez más numerosas lectoras.

De hecho, el estilo de Jane Austen antecede al interés en el “héroe byroniano” que ha terminado por vampirizar nuestra percepción contemporánea de la Regencia, y que sí sería una influencia, por ejemplo, en Charlotte Brontë, más cercana a los postulados del romanticismo. La realidad es que Jane Austen, lejos de romantizar las relaciones amorosas, rechazó el amor, consciente de las duras pruebas del matrimonio y la maternidad, y que, como tía soltera, sin marido ni herencia, hubo de depender de las atenciones de sus hermanos y de su incipiente éxito como escritora.

De todo este tejido de relaciones familiares que marcaron a Jane se ocupa Espido Freire en su breve biografía que ilustra la manera en que las condiciones sociales dificultaban la vida de una mujer soltera, hija de un vicario respetable pero dependiente de las normas que férreamente articulaban la sociedad de la Regencia. Así, comprendemos la desprotección que suponía perder al progenitor para una hija soltera, que además no tenía derecho a recibir herencia.

Espido Freire trae luz sobre todas estas circunstancias e ilumina el retrato de una escritora que forma parte del canon universal a pesar de estar también entre las más incomprendidas.