Alquimia del pensamiento

Aquí ha reunido Alianza Editorial, con una nota preliminar de Andrés Sánchez Pascual, varios escritos y conferencias de Thomas Mann sobre Schopenhauer, Nietzsche y Freud. El ensayo que abre el volumen, que Mann escribió entre 1937 y 1938, justo al tiempo de su emigración a Estados Unidos, se extiende en una explicación detallada de la teoría de la voluntad de Schopenhauer: “la fuente de todos los fenómenos”, “el engendrador y productor de todo el mundo visible” y se detiene en un análisis de este padecimiento, esta conflictiva enemistad en la profundidad del ser. Infierno de la creación, rueda de Ixión del mundo, de los que nos redimiríamos según Mann por el intelecto y “las bendiciones del arte”.

Frente a este ambiente filosófico un tanto opresivo que se intensificaría con el romanticismo wagneriano, Mann inicialmente propone, en una conferencia dictada en 1924, un mes después de terminar La montaña mágica, el vitalismo de Nietzsche como liberación. Pero esta liberación implica también romper con las ataduras de la moral y de un racionalismo que se ha ido fraguando a lo largo de los siglos. Esta sería la “enfermedad histórica”. Ya en el ensayo más tardío, de 1947, “La filosofía de Nietzsche a la luz de nuestra experiencia”, Mann se manifiesta contra esta visión mediante una defensa de la razón frente al instinto que cuestiona el amoralismo de Nietzsche: “No es la moral, sino la belleza, la que está vinculada a la muerte”. Nos aclara que desde la perspectiva de Nietzsche, el cristianismo es el germen de la democracia, de la Revolución Francesa y de las odiadas “ideas modernas”, ideas que Mann no repudiaba aunque admirase la base de esta crítica de Nietzsche a cierta retórica utilitarista de las democracias como la que exponía Settembrini en La montaña mágica (1924).

No obstante según Mann es en Freud en quien culmina este retroceso a la noche sagrada originaria, al “seno materno romántico-histórico-mítico”, que no es sino un avance ilustrado, paradójicamente, pues el psicoanálisis pretende hacer consciente lo inconsciente, traer luz donde antes había irracionalidad. Es así que pretendió arrebatar a los nacionalsocialistas los conceptos del mito y del inconsciente: “El hecho de que la burguesía alemana confundiese la irrupción nazi con los sueños de Nietzsche acerca de la barbarie renovadora de la cultura fue el más estúpido de los malentendidos”. La genialidad de Mann, finalmente, es devolvernos a Schopenhauer en este punto, cuando reinterpreta la “irracionalidad” de Nietzsche asimilando el “ello” freudiano a la “voluntad” schopenhaueriana.