
Los vulnerables es un diario semificcional sobre el confinamiento y consiste en una serie de reflexiones y anotaciones en torno a la literatura y la pérdida. Hay una vulnerabilidad esencial en el hecho de la existencia. Quizás la génesis de la escritura está en el duelo. La narradora comparte rasgos con la escritora. Sus reflexiones literarias nos ofrecen una perspectiva muy medida sobre el lugar de la imaginación en el presente momento histórico. Se hace necesario trascender los aspectos mundanos de la trama. La literatura tiene el poder de provocar modulaciones en nuestra alma, de hablarle a nuestro presente, al instante mismo de la lectura. Se da una literatura del agotamiento. El duelo es también lo que ocurre cuando recapitulamos. Encontramos una nueva seriedad en la mirada, quizás fruto de la pandemia, el final de un mundo. Aparece una voluntad de confrontar el sufrimiento, de reconciliarse con los padecimientos. Todo esto es también literatura del duelo al final de la historia.
Nunez tiene un interés por investigar la vulnerabilidad, ese luto del que brotan las palabras. La vulnerabilidad, por ejemplo, de un loro guacamayo, Eureka, que se queda aislado en un piso de Manhattan durante el confinamiento. Allí se congrega la narradora con él y con un joven a la deriva de la Generación Z con problemas psiquiátricos. Entre los tres se da una extraña convivencia pandémica. Hay algo incomunicable en el vínculo extraordinario que puede surgir con un animal. Siempre se da una bendición en los cuidados, en el acercamiento al otro desde la pérdida. Bajo el influjo del covid esta ejercitación de la generosidad se hizo más común. Nuestra propia vulnerabilidad frente al virus nos hacía estrechar estas relaciones. Hay un cierto misterio en la vida salvaje, en el destello de curiosidad entre las especies, esta biofilia de la esperanza. Durante la pandemia se abrió un período de reflexión sobre nuestro lugar en el mundo natural. Estos nuevos vínculos eran portales a una renovada experiencia gozosa del mundo.
Es esta lección de empatía con la vida salvaje la que nos reconcilia con nuestra propia vulnerabilidad dentro de la naturaleza. Si el duelo propicia un cierto tipo de escritura, esta reflexión sobre la finitud no puede omitir la esperanza que reside en los afectos. Esta nueva mirada al mundo natural quizás sea el antídoto ante la ansiedad tecnológica, ante máquinas que crean y difunden la angustia, que son el vehículo de una opinión pública desnortada. Quizás no estemos prestando suficiente atención a las soluciones, las estrategias para salvar el mundo. Asistimos a un agotamiento en las costumbres, una reincidencia en los comportamientos nocivos. Este sentido de un final también se da en las formas de la imaginación, en la escritura y en el arte. La línea que separa la ficción de la experiencia se desdibuja, se hace cada vez más confusa e irrelevante. La ficcionalización de la experiencia refleja una voluntad de no reconocerse en las propias palabras, de no admitir esta intimidad que se confunde con los sueños. Los vulnerables concluye el tríptico que comprende El amigo y Cuál es tu tormento, estas narraciones al borde de la pérdida, la esperanza en un nuevo lenguaje, en una nueva manera de habitar el mundo.